
Foto: Sebastià Vidal, Porreres. Estudi carrer Lluís, de Porreres. 2001
Jordi Miralles Hostalot
Desde pequeño sus juegos se convertían con alguno que tuviera que ver con las manualidades y creaciones.
Observar, intentar retener el máximo de cosas posibles, para después poder visualizar en la mente, son recursos y formas de autodisciplina, que después le servirán a enviar un papel en blanco.
En la escuela, a la hora del patio, para la mayoría, su juego era jugar a la pelota, una pelota que cada día era nueva porque tenía papel y bolsas de plástico (de los desayunos de los niños), él no veía . ningún sentido, y aún ahora, entienden las masas que arrastra una pelota, o algo similar.
Preferiría sentarse en un rincón y observar. En una hoja de papel, que bajaba de la clase y un lápiz, plasmaba ideas, formas sin identificar, hacía que la mano se desarrollara, se filmará. Salir a pasear solo, ver a la gente que pasaba junto, los movimientos, los colores, la red, el silencio dentro del ruido de la ciudad.
El dibujo, siempre ha formado parte de sí mismo, le gustaba ver películas de dibujos, de hecho su padre muchos domingos por la mañana, en la sesión de matinal, le llevaba al cine Publi del Passeig de Gràcia de Barcelona, que en aquella época proyectaban el famoso Tom y Jerry, y los de Walt Disney, veía tanta perfección tanto en el trazo como en los movimientos, que más de una vez repetían sesión.
La familia, que eran seis: abuelos, padres y hermana, siempre intentaron hacerle la vida más fácil, darle una buena formación y traspasar sus valores.
Al llegar Mireia (su hija) hizo otro cambio, un ser nuevo, que ves que descubrirá la vida al igual que él hizo, que depende de ti, que es frágil e intenta hacer el camino para que después pueda ir sola, como uno mismo ha hecho, y cerrar el ciclo. Uno no sabe ser hijo, hasta que no es padre, así se ha dado cuenta él.
Viajar le ha permitido conocer otras culturas, no estar cerrado y tener el mayor campo de visión, alimentarse de costumbres, de colores, de sentidos, de olores.
Mallorca, le ha dado su «lugar» y otra forma de entender la vida. La gente, la amistad, las costumbres y el sentirse más libre, es la plenitud del desarrollo artístico, ser productivo, y enriquecerse del tiempo, Mallorca es como otro ser querido.
Joan González Torres (Profesor de plástica)




En la formación de un pintor es evidente que contribuyen muchos estímulos visuales acumulados a lo largo de la vida. Nunca sabremos qué influencia tuvieron estos juguetes, sencillas casas de madera que mi padre, Eduard, regaló al niño Jordi Miralles i Hostalot, ahora artista plenamente consolidado, con un estilo hiperrealista de gran impacto.
Sin embargo, podemos tener la certeza de que tan importante fueron por su formación como persona y como artista, aquellos objetos de formas y colores elementales, como el hecho de que el regalo fuera la expresión del cariño para el joven , hijo y nieto, de una familia amiga con la que nuestra compartía ilusiones y aspiraciones para que las generaciones futuras alcanzaran una mejor realidad.
Todo ésto es la confirmación de que el arte no sólo expresa ideas, objetos e imágenes, sino más bien incorpora valores y significados que cuanto más reales y profundos, más hacen llegar el placer estético al público que puede disfrutar de su contemplación. Al observar estas pinturas, me quedaría a partes iguales, con la luz que se refleja en mis ojos, como con la ternura intangible que expresan.
Eduard Amouroux Alemany


Exposiciones
1985
Galería de Arte Nadal, Palma de Mallorca
Galería Nueva, Sitges (Barcelona).
Galería Subex, Barcelona.
1993
Galería Sant Jordi, Matadepera (Barcelona).
1997
Sala de exposiciones – Sa Nostra, Llucmajor (Mallorca).
1998
El Corte Inglés, Palma de Mallorca.
Sala de Exposiciones – La Caixa, Porreres, (Mallorca) – Jornadas de Demostración en directo de pintura al óleo con agua.
Galería de arte Levante, Sa Coma (Mallorca).
Sa Capella Fonda, María de la Salud (Mallorca).
1999
Salón de Sesiones, Campos (Mallorca).
Salón de Cultura, Santa Margalida (Mallorca).
2000
Casal Can Cruz de Inca, Capdepera (Mallorca).
2001
Salón Parroquial, Son Servera (Mallorca).
Galería Hotel Formentor, Puerto de Pollensa (Mallorca).
2010
Feria nocturna en la Iglesia Nueva, Son Servera (Mallorca).
Sala Edificio s´Escorxador Porreres (Mallorca).
2011
Casal de Cultura Joan Mascaró i Fornès, Ayuntamiento de Santa Margalida, (Mallorca).
Galería de Arte Subex (Colectiva de verano), Barcelona.
Tesorería de la Seguridad Social, Palma de Mallorca.
2012
Galería de Arte Subex, Barcelona.
Rue Privée Galería de arte, Montpellier (Francia).
Galería Nova 3, Sabadell.
2013
Feria de Porreres, Galería La Caixa, Porreres (Mallorca).
2014
Galería de Arte Subex, Barcelona.
2025 Fundación Cultural Coll Bardolet, Valldemossa, Mallorca
Su obra se encuentra en:
1985 En el Museo y Fondo de Arte de Porreres (Mallorca).
1987 Retablo 100 x 400 cm. Parroquia de San Pablo, Ibiza.
1995 Retablo 300 x 150 cm. Parroquia de San Ciriaco, Ibiza.
2001 Retablo 244 x 122 cm Restaurante El Centro, Porreres (Mallorca).
La mayoría de sus obras se encuentran en colecciones privadas.

Dibujaba el mar
Y cuando más cerca estaba
De lo que quería,
Parecía que la silueta del espejo
Me reconocía.
Esa sensación
Se repetía en cada pincelada
Y los ojos de esa cara
Se confunden con los míos.
Y era yo lo que miraba,
era a mí a quien miraban.
El papel era de tierra seca
Y mi pincel, la vara del zahorí.
La cuerda que nos une,
Se desfila
Y el rostro se difumina.
Sentía que miles de sirenas, se alejaban con él, hacia el fondo.
Y allí me quedé,
en medio del imprevisible destino,
desconocido.
Esperando,
………….. esperando.
………….. hasta que el universo de la luz
entró como un chasquido de rayos en los tobillos.
Yo volvía a contemplarte,
Con las manos, con los pies, con el cerebro.
Tu savia, se esparcía por mis dedos,
Hasta desatar los nudos del alma.
Mi rostro se volvía a perfilar en el agua.

La pintura de Jordi Miralles, tiene la propiedad de despegar la piel. El espacio que en el tiempo. Describe escenas de infancia. Que atesora Juegos y Juguetes. Tiene la facultad de hechizarte, de abrirte la ventana que da al interior en la residencia del azul.
Tiene la virtud de firme en la existencia de sus fragmentos.
Xisco Barceló (Canal 4 TV Balear 2000)

Exaltación de la sencillez
Como un trueno impetuoso en medio de la tormenta, como un rayo refulgente que aclara la oscuridad. De esta manera, el artista catalán Jordi Miralles i Hostalot se refugió en nuestra tierra para animar su panorama artístico y rejuvenecer sus planteamientos pictóricos.
Miralles no se nos aparece como pintor convencional, sino como artista singular, vigoroso y ligeramente heterodoxo. No se emociona por la belleza estática de los paisajes grandiosos ni por las amaneradas y efímeras composiciones interiores. Miralles no se entusiasma por los temas trascendentes, los motivos aparatosos, los objetos deslumbrantes… Él enfoca su virtuosa destreza hacia otras singladuras y fija la mirada en hechos, detalles y cosas que para otros, carentes de su sensibilidad , permanecen en la penumbra del olvido.
El conjunto de su obra, dirigida hacia el ámbito del hiperrealismo -a pesar de todavía derrame goteos de surrealismo- acusadamente personal e impregnada de un gran torrente de honradez, sobresale en la exaltación de la sencillez, en la dignificación de los elementos más naturales, más comunes y caseros. El mundo de la marinería, el ámbito de la flora humilde y el universo onírico que inventan los chicos con los juguetes son algunos de los más importantes marcos de referencia del pintor barcelonés y sobre los que vierte su creatividad.
¿A quiénes pueden interesar objetos tan prosaicos como viejas cabezas de cuerda para amarrar barcas, poleas carcomidas para izar velas o corchos lijados que afloren redes de pesca? ¿Quién es el osado que presta atención a hacer revivir viejos juguetes ¿Quién es capaz de captar la atracción que desprenden unos limones suavemente malforjados?
Sólo un artista herido por el toque de la genialidad como Jordi Miralles, únicamente un hombre empujado por la abrumadora labor de trascendentalizar los objetos más humildes.
La influencia del mar se hace evidente en los cuadros de cuerdas entrelazadas por mil nudos, en farolas ancladas a popas de llaüts, en rocas besadas por aguas de color turquesa, pero también en los pinos y matas del Salobrar de Campos o en las humildes y esponerosas plantas que cabalgan las dunas de Es Trenc. Juguetes viejos y derrumbados reviven nuestra infancia y nos acercan a un ambiente lejano lleno de nostalgia.
Los temas principales de la obra de Miralles -elaborados con profusión de detalles enriquecedores- tienen su génesis en apuntes al natural y, fruto de un proceso de reflexión, se agrandan hasta alcanzar las más altas cotas de magnificencia. Estos motivos básicos quedan fijados mediante una revuelta cromática de tonalidades frías que confirman al autor como un consumado maestro en el dominio de la paleta.
Fruto de su concepción global de la obra pictórica «el cuadro en realidad abarca todo el espacio comprendido entre los límites del marco»,
asegura— los motivos relevantes comparten protagonismo con otros recursos que, además de complementar el significado de los elementos centrales, ensanchan su riqueza simbólica y les confieren un sentido totalizador.
Es a través de las vaporizaciones, las insinuaciones, la pincelada intuida y las transparencias que la obra de Jordi Miralles nos ofrece diferentes lecturas sobre significados esenciales. Y es mediante los retortijones de detalles casi imperceptibles, la minuciosa superposición de planos y la aplicación de filtraciones apenas esbozadas que el autor quiere provocar nuevas sensaciones en el ojo del espectador. Con el uso de la técnica acrílica y el lápiz, el artista recrea visiones inéditas y composiciones mágicas surgidas desde su mundo interior, pródigo y encantador.
Todos estos recursos pictóricos que el artista incorpora a su obra para enriquecer sus posibilidades expresivas exhalan sensaciones de calma, ambientes de calidez y atmósferas de majestática serenidad. Además, existe un encadenamiento de líneas pálidas que se superponen a tenues horizontes para confeccionar texturas de delicada presentación.
Nunca me ha gustado profetizar, porque la mayor parte de los pronósticos que he hecho me han salido errados. Ahora quiero arriesgarme de nuevo, a modo de juego conmigo mismo. Llegará un día en que la obra de Jordi Miralles alcanzará los más elevados niveles de prestigio y reconocimiento. Y este día ocurrirá cuando el mundo artístico valore con plenitud y conciencia una tarea hecha con la reflexión profunda que aporta la cabeza y con el sentimiento medido que destila el corazón. Una verdadera apuesta de futuro.
Antoni Rosselló i Torres (Diario de Mallorca)
